Facebook y la época de las noticias falsas

Las pasadas elecciones norteamericanas han abierto varios planos de estudio sobre la realidad social que nos rodea. Uno de los más interesantes es cómo Facebook influye en nuestras opiniones y el poder de la posverdad. Es decir, la relatividad llevada a los medios de comunicación, o las noticias falsas con un fin determinado.

Para que todo esto pueda pasar tiene que haber antes una serie de factores. El primero, la cantidad de usuarios que decide no ir a los medios de comunicación de manera tradicional y lo hace a través de Facebook. Por ejemplo en Estados Unidos, distintos informes, la colocan en el entorno del 50%. En España, el CIS dice otra cosa. La mayoría aprueba a los medios, todavía, y el uso de Facebook en las pasadas elecciones estuvo sobre el 25%. Aunque todas estas tendencias tardan en llegar a España y parece lógico pensar que esos porcentajes se “americanizarán”.

Dos hechos son fundamentales. El primero es que necesitamos hacernos un entorno que tenga unas opiniones parecidas a las nuestras. Por simple afinidad y amistad. De tal manera que tenderemos a recibir sólo aquellas noticias que tienen nuestro sesgo, dejando Facebook a un lado aquellas noticias o que bloqueamos o que significan que eliminemos a un amigo o que reduzca nuestro porcentaje de interacción. Acabaremos en la “cueva Facebook”. Sólo aquello que nos gusta terminará mostrándose.

El segundo elemento es el algoritmo, que va relacionado con el argumento anterior. Una quinta parte del tiempo que dedicamos delante de una pantalla lo hacemos para ver Facebook. Pero para facturar más y tener más usuarios, Facebook necesita más. Y para ello pone a funcionar un algoritmo que permita que estemos más tiempo conectados. De esta manera, las máquinas se preparan para llegar al cerebro y conectar con él. Y convertirlo en adicto. Es lo que se denomina el filtro de la burbuja.

Facebook no revela los detalles de su filtro de la burbuja, ya que es como la receta de la coca cola: “Nuestro objetivo es ofrecer el tipo de historias de las que tenemos constancia que más querrá ver una persona concreta”, dijo el vicepresidente de dirección de producto de Facebook este mismo año.

Con estos ingredientes, el caldo está listo para ser usado. Los usuarios comparten las noticias que más le llaman la atención. No las que son noticia de verdad. Y ahí puede entrar una imagen traída de hace años para contextualizar un acontecimiento que acaba de suceder, pero que no tiene nada que ver. O una noticia sin contrastar con el único objetivo de apoyar una tesis política, económica o social.

Se ha demostrado por distintos estudios que es más fácil que creamos en afirmaciones que sean sencillas, que nos lleguen directas a nuestras convicciones, que sean fáciles de procesar y que veamos que se repiten mucho. Esto último le lleva a pensar a nuestro subconsciente que es verdad. Más aún cuando confirman nuestros prejuicios. Ahora ya le toca al turno al algoritmo. Lo cogerá todo y potenciará lo que nos hace seguir en la red.

Y llegados a este punto, la clave. La narrativa tiene más importancia que la verdad. Añadido a que hay cientos de miles de medios buscando nuestra atención con noticias amarillas que solo pretenden un click y los consiguiente ingresos. El negocio es exponencial y Facebook una de sus principales herramientas. Más visitas, más ingresos.

Las consecuencias de la mercantilización son terribles. Se pueden generar corrientes de opinión contra un modelo social, contra un famoso al que se le quiere hundir, contra una empresa por expresar una opinión que no gusta en la red y así hasta donde queramos. Las “máquinas” como nuevos reyes de la opinión.

Y lo peor, la verdad no importa.

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